La delicada fresa

La fresa, es una baya que combina con infinidad de ingredientes y por su sutil bondad, permite al cocinero que la utilice de mil maneras. Puede entonces, ser considerada siempre una opción, ya que se podrá utilizar desde  su manera más primaria: como lo puede ser un plato de fresas sin más o simplemente con crema o en el postre  sofisticado que sea posible  imaginar.
El antepasado de la fresa de cultivo es la fresa silvestre, bastante jugosa y de menor tamaño. Estas fresas crecen bien en los lindes de los bosques o en los senderos. Las fresas se pueden comer crudas cuando están maduras pero también muestran gran afinidad con el yogur, helado o crema. Aceptan ser rociadas con licor, miel o limón y son una exquisitez al estar recubiertas de chocolate; se  incluyen  en las preparaciones de pies, tortas, mermeladas, entre otras.  Ofrece así mismo la versatilidad de ser empleadas en las comidas saladas y  aún en  una salsa para acompañar alguna carne o en una ensalada de espinaca por ejemplo. En fin las  posibilidades entonces resultan inmensas, a su vez es posible incluir las fresas para la elaboración de licores o aguardiente. Estos licores servidos fríos y en copitas pequeñas será el complemento ideal para diversos postres o pasteles de fruta.
La fresa es una fruta que invita a incluirse en la dieta por ser  una fuente excelente de vitamina C y ser considerada un notable antioxidante. Por su bajo contenido calórico,  se  acepta perfectamente su consumo  en una dieta de control de calorías.   Se estima también que el jugo de fresas contiene propiedades antibacterianas, pero a su vez hay que tomar en consideración y tener cuidado especial, porque podrían producir ciertas reacciones alérgicas y en algunos casos las semillas resultan irritantes para las personas con padecimientos del intestino.
Es aconsejable tomarse el tiempo en la selección, para adquirir las fresas firmes, de color vivo, libres de manchas y de moho. Mientras más pequeñas y oscuras son las fresas, más aromática resultará su pulpa. Se deben conservar en refrigeración o rociar con azúcar a que las cubra totalmente, para que se mantengan firmes. Conviene comerlas en pocos días, prestar atención de lavar perfectamente con su debida desinfección, para consumirlas sin ningún riesgo. Podrán dejarse las fresas enteras al ser de tamaño pequeño, pero partir las más grandes, para que resulten fáciles de comer crudas como una buena alternativa y evitar cocinarlas, ya que pierden su atractivo color o se tornan  pálidas.
De manera que la fresa regala la oportunidad de agradar por su belleza y colorido simplemente apetecible a la vista e irresistible al paladar por su delicioso sabor, 

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