Cacao, joya milenaria

El gusto  por los alimentos se remonta en ocasiones a la niñez, justo  a esos momentos en que un pequeño bocado ingenuo puede brindar toda la felicidad del mundo. Un chocolate como golosina y más aún una porción de pastel o un  helado de chocolate trae a la memoria esos agradables  sabores para disfrutar y recordar.
El chocolate, es un ingrediente de gran presencia en la pastelería, que atrapa además de su sabor,  por la consistencia de texturas que puede aportar a un postre. También por  la gama de colores que va  desde un blanco intenso a un negro brillante y  los sabores con un  contraste  desde lo más dulce y sutil hasta lo más amargo. En sí por el equilibrio de la acidez y la dulzura combinadas con la cantidad de grasa y azúcar.
El gusto de contrastes que ofrece hace que tenga combinaciones de perfección  con las avellanas, pistacho, naranja, fresa, piña, canela o la vainilla y como en cualquier ingrediente, se distinguen las preferencias personales  a la hora de crear un platillo.
El cacao y el chocolate son palabras místicas y familiares que se remontan en tiempo a las delicias del momento como pueden ser  el gusto por el chocolate caliente en tasa acompañado de pan dulce o una  champurrada.   Y en cuanto a creatividad, el chocolate también puede ser incluido en la cocina salada en salsas para acompañar una carne  para aportar un toque exótico o de nobleza a un plato de  excepcional sabor.
Como se puede apreciar, nuestro protagonista está lleno de virtudes, es a su vez, mencionado como un afrodisíaco o que aporta una sensación de bienestar a quien lo disfruta, pero también cuestionado como un gusto peligroso por su cantidad de calorías vacías y su contenido de grasas.
Sin más, el chocolate es un tesoro majestuoso que abre las puertas a la imaginación como producto noble por sí mismo o en su versatilidad de combinaciones.

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